miércoles, 28 de enero de 2015

Lecciones del I Ching - El Aquietamiento - Hexagrama 52





(Mantenemos los pensamientos internos en calma, renunciamos al corazón infantil.)

Recibimos este hexagrama cuando nuestros pensamientos están enredados con nuestras emociones, o cuando la situación es tal que podemos llegar a envolvernos emocionalmente. Cuando nuestras emociones están envueltas es imposible obtener la claridad de mente; por lo tanto se nos aconseja “aquietarnos”. “El Aquietamiento” (mantenerse quieto) quiere decir aquietar el “pensamiento del corazón”. En el I Ching, cuando se despiertan nuestras emociones, se dice que el corazón está pensando. El corazón infantil piensa en términos de lo quiere o necesita, y de lo que le disgusta o desea evitar. También piensa en defensa de las pretensiones que haya adoptado; así es también el pensamiento egoísta de la vanidad y el orgullo. Constantemente mide la dirección y ritmo de los acontecimientos para ver lo lejos que ha llegado en sus objetivos. El objetivo de mantenerse quieto es el de calmar esta frenética y concentrada actividad mental. Si pudiésemos desligarnos suficiente tiempo para ver estos pensamientos objetivamente, nos percataríamos de que surgen de los temores del yo corporal, algunos son conscientes y otros inconscientes. El I Ching reconoce estos pensamientos como las voces de los inferiores. Mientras dominen nuestro espacio mental, es imposible alcanzar la neutralidad y la aceptación que nos lleve a una perspectiva correcta y razonable. Hay muchas formas de aquietar a los inferiores. Les podemos explicar la necesidad de mantenerse quietos para que la claridad sea posible. Podemos decirles que no se confundan por la apariencia de las cosas, que el cambio es la regla de la vida. Podemos asegurarles que si pueden disciplinarse, atraeremos la ayuda del Poder Supremo para hacer posible lo imposible. Podemos explicarles la necesidad de su obediencia, como en El Ejército, hexagrama 7, y podemos decirles que debemos adherirnos a lo Desconocido para que nos muestre el camino, como en Lo Adherente, hexagrama 30. Al animarlos de tal forma, es posible que obtengamos su cooperación y que conquistemos su perseverancia. A este método de restringir a los inferiores se le llama “dulce restricción” en La Restricción, hexagrama 60. Para alcanzar estos resultados, es posible que sea necesario sentarse tranquilamente en estado de meditación. Muchas veces recibir este hexagrama es una llamada a meditar, por lo menos, para ponernos en contacto con las preocupaciones y los temores de los inferiores. Los inferiores necesitan que se les asegure que si confían en lo Desconocido, y dejar que lo Creativo trabaje a través del vehículo del tiempo, todo saldrá bien. A veces este trabajo requiere que reconozcamos nuestras pretensiones y nuestro orgullo—culpables que necesitan ser matados a través de la firme perseverancia. Una vez que hemos alcanzado el estado de aceptación y docilidad, obtenemos la paz descrita por la imagen de La Alegría, hexagrama 58, como el “lago luminoso”: la superficie lisa del lago simboliza la alegría de la paz interna. En el momento que una emoción surge una onda se crea en su superficie. Mantenerse quieto también se refiera a la forma de meditar del I Ching, que supone ponerse en estado de vacío interno, acallando sistemáticamente las quejas de las voces de nuestros inferiores. El aquietamiento requiere sentarse en una relajada posición pero alerta, para que los nervios de la espina dorsal se tranquilicen. La columna no sólo es la única ruta por la cual el cerebro transmite los mensajes al yo corporal; también es el canal por el cual el yo corporal transmite sus quejas al cerebro. Al sentarnos en una posición sin soportes no nos apoyamos en nada; permanecemos despiertos mientras nuestro cuerpo se relaja. Cuando nuestra presión sanguínea y las energías se calman, los inferiores se aquietan como si durmieran. En este momento tiene lugar la separación del ego: La voz pretenciosa, defensiva y presumida de nuestra auto-imagen/ego se separa de nuestra conciencia y así podemos oír sus pensamientos apartados de nosotros. Su voz algunas veces es sutil y tentadora; otras, sutil y machacona, o exigente y furiosa. La separación del ego nos da una oportunidad de oírlo y entender sus pretensiones. Una vez que lo entendemos, podemos liberarnos de su dominio. Una vez que lo hemos oído en meditación, podemos reconocer sus insinuaciones durante nuestras actividades diarias. Reconocerlo nos ayuda a resistir sus exigencias. Una vez que el ego se ha separado también podemos ver y oír a los inferiores. Al escuchar sus preocupaciones y quejas notaremos que son como niños; al igual que ellos, se concentran en lo que quieren, se preguntan y se preocupan. Las células del cuerpo, o la organización de las células, tienen formas verbales y no verbales de decirnos que tienen hambre, que están cansados o que tienen miedo. Durante nuestra normal actividad consciente pensaríamos que estos pensamientos son parte integral de nuestra estructura; en meditación, de alguna forma, los escuchamos como separados de nuestro yo central. Al contactar con ellos durante la meditación, encontramos que han estado bajo el control del ego; también encontramos que somos capaces de alistarlos para trabajar hacia la meta del yo superior. De esta forma nuestro yo superior, el Hombre Superior, gana la habilidad de dirigir a los inferiores. Una vez que todo esto pasa, la personalidad retoma su orden natural. El escuchar las necesidades de los inferiores y poner sus temores en paz, parece que les diéramos seguridad y pacificándolos, y haciendo descansar a nuestro corazón. En estado de verdadera tranquilidad descansamos en algo así como un espacio de neutralidad y aceptación total. No vemos ni escuchamos nada. Algunas veces es posible oír una voz nueva o ver seres inéditos. La voz nueva es serena, discreta; es la firme voz del Sabio. Escuchamos y observamos como si se tratase de una película cuya proyección se inicia. Tambien es posible que veamos imágenes que demuestran las lecciones de la verdad universal. Mientras podemos participar en lo que sucede, no lo controlamos. En el tiempo de la meditación es cuando hacemos los sacrificios a los que se nos llama en distintos hexagramas como La Contemplación, hexagrama 20. El sacrificio quiere decir que entregamos al Poder Supremo las dudas del conflicto interno y las emociones como ira justificable, el sentimiento de tener derechos, la indignación producida por las injusticias, la impaciencia con el mal y nuestra tendencia de concentrar nuestra atención en asuntos insignificantes, lo que ocasiona la pregunta, “¿Por qué son las cosas así?” Sacrificamos estos sentimientos y percepciones porque obstruyen el progreso e inhiben el bien general. Tales sacrificios agrandan el ser espiritual. Para el estudiante serio del I Ching, la práctica diaria de la meditación es esencial. A través de la meditación practicamos la limpieza interior que nos devuelve la pureza y la inocencia; libres de pensamientos que generan agitación y sordera interna, volvemos al estado alerta y a la atención interna que nos hace posible relacionarnos con los demás de una forma creadora. Liberarnos de las preocupaciones preponderantes de los inferiores tiene el efecto de limpiar nuestro casa interna. Así como nuestra casa interna se ensucia viviendo en ella, nuestro espacio mental llega a atestarse con preocupaciones ajenas e innecesarias. Las cuales pueden consistir en sistemas de creencias, preocupaciones, fantasías e ideas que hacen que la paz interior y la armonía sean imposibles de adquirir. La limpieza interna implica el abandonamos del mundo, sus preocupaciones y todos los sistema de creencias. Nos despojamos de la ira pasada, de la hostilidad y de todas las injusticias que la gente ha cometido contra nosotros; descartamos todas las filosofías de negación y los pequeños placeres y disgustos. Al limpiar nuestro Ting (ver El Caldero, hexagrama 50), nos liberamos del enorme peso que acarrea semejante tormento mental. Si, al intentar meditar, buscamos obtener la paz interna sin haber conseguido la limpiza interna, la claridad y la comunicación con el Sabio no serán posibles. Evitar este paso es “forzar la meditación”, como nos advierte la línea tercera. Practicar la limpieza interna es la autorenovación diaria que posibilita al Hombre Superior mantener el máximo de su poder (ver La Fuerza Domesticadora de lo Grande, hexagrama 26). A través de la meditación el Sabio nos deja entrever nuestro ego como un sistema organizado de defensa, que al abdicar del mando de nuestra personalidad, ha dejado que nuestros inferiores construyan una defensa a lo Desconocido. Podemos ver, uno a la vez, los temores que dan vida y poder al ego; vemos nuestros miedos en disfraces diabólicos que les posibilitan aterrorizarnos. El enmascarar tales miedos en la meditación es como coger al Mago de Oz en el acto de manipular sus máquinas aterrorizadoras por detrás de la cortina; nunca más podrán ejercer tanto poder sobre nosotros. Puesto que esta clase de meditación parece indispensable para el estudio serio del I Ching, no es sorprendente que Confuccio diga, “el estudio sin meditación es un trabajo perdido; la meditación sin estudio es arriesgada”.

De "Una Guía del I Ching" de Carol K. Anthony - Ediciones La Liebre de Marzo

domingo, 25 de enero de 2015

Todo, absolutamente todo, está Bien






Nuestra errónea manera de percibir la realidad, lo que solemos definir como conflictos, es la que nos hace enfermar. Las emociones negativas contenidas y no expresadas crean un impacto en nuestro cerebro y nuestros órganos cuya resolución final acontece como los síntomas que se manifiestan y llamamos enfermedades. Todo ello porque nuestro sistema biológico se ha encargado de entrelazar a lo largo de la evolución percepción, instintos de supervivencia y órganos que desempeñan determinados papeles en dicha supervivencia.
Esto viene a ser un resumen muy muy escueto de las líneas generales de la teoría de la génesis de la enfermedad expresada las llamadas 5 Leyes Biológicas de Hamer, donde se resolvía la relación causa/efecto entre un impacto emocional dado y la aparición posterior de una enfermedad. Estas leyes están basadas en la implicación evolutiva que tuvieron en su desarrollo los distintos tejidos de nuestro cuerpo con las partes del cerebro que los gobiernan y los instintos de supervivencia que cubren.
Resulta pues que nuestras emociones despiertan en nuestros primitivos instintos una conciencia de peligro que desata la respuesta física, una respuesta desproporcionada, pues ya no vivimos en el peligro de la selva, sino en la seguridad de nuestra civilización, y, aunque aquello que me afecta emocionalmente ahora no sea un peligro grave, mi cuerpo reacciona como sí lo fuera y se pone a trabajar en la reparación, una reparación que puede acabar con la pérdida de la vida si el conflicto o conflictos que activaron los síntomas se recidiva o no termina de desaparecer en el momento en que el cuerpo comienza a repararse.
Si todo esto fuera simplemente así habría que pensar que la evolución ha fracasado en nosotros, y que ha creado individuos dísfuncionales, en los que simples emociones mal gestionadas son capaces de comprometer su salud y su vida. Pero es necesario observarlo con una perspectiva mucho más amplia para ver que todo tiene un sentido.
Las enfermedades no sólo responden a un sentido biológico sino, también y por encima de todo, a un sentido espiritual, de equilibrio y trascendencia. Nuestra evolución, la evolución de la vida es una historia de la evolución de la conciencia a través de la percepción.
Pasamos de ser en millones de años diminutos microbios que percibían su entorno de la manera más precaria, a través de pequeñas señales recibidas en orgánulos primitivos, a ser seres vivos complejos, desarrollados con una alta capacidad de percepción sensorial, vista, olfato, oído, tacto, gusto. Capaces de interactuar con el entorno y transformarlo, dotados de un intelecto creativo y un sistema complejo emocional que interactúa con dicho intelecto a través de la intuición, creando una percepción de la realidad cada vez más elaborada y compleja. Por tan compleja que se ha ido distanciando de la simple realidad animal instintiva, pero no lo suficiente aún como para saltar el abismo de la pérdida de la salud. Y ahí es donde radica el sentido espiritual evolutivo de la enfermedad.
Ese sentido es terminar de desarrollar una adecuada percepción de la realidad, una realidad unitaria, donde todo esta bien, donde realmente no existe el peligro, donde todo esta maravillosamente organizado y donde todos trabajamos para elevar ese punto de vista y desplegar la maravilla de Ser creativo y divino que somos. La enfermedad viene a enseñarnos la última verdad, pidiéndonos que le quitemos importancia a todas esas cosas que creemos que nos agreden o nos hacen daño. Nada ni nadie puede dañarnos y cuando seamos conscientes de eso sólo habrá sitió en nuestras vidas para la salud.

Antes de enfermar yo creía que había depurado mi percepción, y que mi salud no estaba en cuestión porque sabía que nada ni nadie podía hacerme daño, pero estaba equivocado, porque enfermé gravemente.
Aunque yo me sabía invulnerable pensaba en mis hijas como algo separado de mi. Así que en el momentos que ocurrió una situación en la vida de mis hijas que pude pensar que corrían "peligro" y que yo no podía hacer nada, o tenía que hacer un gran esfuerzo para "protegerlas", en ese mismo momento me convertí en vulnerable, pues en realidad mis hijas no son otra cosa distinta que yo y son tan invulnerables como yo. Así que cuando terminó de evolucionar este conflicto de mi preocupación por ellas me tocó enfermar.

Así son las cosas.
Ahora las veo pasando por los avatares que sean y no me queda otra que pensar que todo esta bien, porque son invulnerables. Así las dejo marchar, con una sonrisa en el corazon dibujada con pinceles de confianza en el "saber" del Ser, en el misterio de la Vida donde todo encaja con un sentido.
Esa es mi trascendencia, el cambio de "chip" en mi mente, en mis creencias. Ahora no puedo cesar de contemplar lo que acontece sabiendo y repitiendo que... T O D O E S T Á B I E N ! ! ! La Confianza es el viento que sopla las velas de mi ánimo.

martes, 20 de enero de 2015

La Máscara




30 sesiones, y, entremedias, 30 días mas. Dos meses de terapia en la parrilla atómica. Dos meses atrapado en esta máscara, atornillado a una camilla mientras un rayo fulminante atraviesa la piel y la carne y arrasa en silencio con todo, lo visible y lo invisible, lo tangible y lo inalcanzable, lo evidente y lo etéreo... Calcinación de ave Fénix que busca renacer.

Cuando me operaron de este cáncer ya supe que estábamos hablando de un proceso de renacimiento, de un momento de profunda transformación donde mudar la piel y dónde dejar caer las antiguas ataduras como viejas cáscaras. Lo que no supe es que iba a ser tan, tan, terriblemente literal y carnal.

Una vez que entras en los protocolos médicos estás prácticamente abocado a seguirlos hasta el final y aunque trabajé todo lo "trabajable" en el campo de mi mente y mis emociones para sanarme, el bisturí ya había dictado sentencia de por dónde debía discurrir este camino. En mi mano solo estuvo abrir la conciencia al momento justo en que la agresiva radioterapia seria adecuada.

La cirugía le abrió el paso a la recidiva, y esta, haciendo descabalgar al cáncer de su proceso te lleva irremisiblemente a tener aceptar la tortura del tratamiento. Y si no estás prácticamente vendido.

Tu cuerpo entra en crisis de sanación, la famosa crisis épica que dice Hamer, pero es una crisis tan fuerte que pone en serio peligro tu vida y si estás fuera de los protocolos te conviertes en un apestado del sistema al que solo proporcionan cuidados "paliativos" y atención cero. Así que en esa tesitura hay que, o tener una fuerza interior inexpugnable, o pasar por el aro.

El mismo Enric Corbera, al que fui a ver en verano al recibir las noticias de la recidiva, me lo dijo.  Aun sin dejar de recomendarme que pasara un tiempo de cuarentena para meditar y alejarme de la presión del entorno. Me dijo que no descartara del todo la radioterapia. Y casi que no le hago caso pues me resistí hasta el final, hasta que mi cuerpo entró en crisis y me faltaron las fuerzas.

Pero ese, y no otro, era el momento justo de tomar ese camino.

30 sesiones, dos meses de angustia, sombras y fantasmas. 30 dias atado a la mesa de tortura.   Pero al final la máscara deja de apretar y cae, como todas. Y se convierte en una cáscara vacía. Una capa menos que oculte la verdadera Esencia. 

Y a la robotizada máquina atómica, en el último día, la miras a los "ojos" y le das las gracias por cumplir su misión con precisión. Al fin y a cabo habéis terminando siendo aliados cuando al principio erais enemigos. Y todo forma parte de un sólo ser y no hay contradicciones.

Cayó la máscara y esta primavera la enterraré en el campo, regada con amorosa miel y sosteniendo un hermoso joven roble, símbolo de mi renacimiento.

lunes, 17 de noviembre de 2014

La Fuerza de una repetición Ancestral




Hoy se cumplen años del nacimiento del fallecido cantante Jeff Buckley. Su historia es paradigmática sobre cómo es que funciona la psicogenealogía. Murió un 29 de mayo a la edad de 30 años ahogado en un río en Memphis, Tennessee mientras hacia el tonto un día en que todo se torció con uno de sus acompañantes en sus giras. Un 29 de junio 22 años antes su padre, el también famoso cantautor Tim Buckley, moría por una sobredosis de heroína mientras acompañaba a uno de sus músicos en una noche estúpida de borrachera, durante una gira en Dallas, Texas. Tenía 28 años. Para mas inri no era adicto, ni tan siquiera consumidor ocasional de esa droga e igualmente murió ahogado, al dejar sus pulmones de respirar por el adormecimiento causado por la droga. ¿ Demasiadas coincidencias ? No cuando sabemos que nuestros destinos están enzarzados en las repeticiones de aquello que la familia ha vivido previamente. Jeff era doble de su padre, fue concebido probablemente alrededor de la fecha del cumpleaños de Tim, se llevaban entre fechas nueve meses justo de diferencia. Este tipo de relación entre fechas determina una intención inconsciente de crear una persona en la que proyectarse en el futuro abriendo camino a toda una serie de repeticiones que van jalonando la vida del doblador, con sus éxitos y sus fracasos. Jeff podría haber aprendido algo de los paralelismos que había entre su vida y la de su padre y no haberse dejado llevar de aquella manera absurda que le condujo a la muerte como a Tim le llevo a la suya propia el dejarse enfrascar en aquella espiral de alcohol peleas y finalmente heroína en la que le metió el músico de su banda. Jeff se pasó su vida repitiendo a su padre sin preguntarse siquiera que podría acabar como el. Fue reconocido en vida por el único álbum que grabo, Grace, como un inigualable intérprete de "covers", versiones de otros artistas. Pero la mejor versión que hizo fue interpretar a su padre. La clavó.

Su versión de Hallelujah de Leonard Cohen esta considerada mejor incluso que la 

original.    
  


 


Y aquí su padre tocando una canción que se haría mucho más famosa después por su 

publicitaria versión que sonó en un anuncio de perfume. 





Para terminar de redondear el tema aquí os dejo la archifamosa versión de Song to the Siren 

que hicieron This Mortal Coil en los ochenta y que popularizo un anuncio en los noventa. 

He elegido este video precisamente porque viene la letra subtitulada en español. 

Al leerla a más de un@ le puede dar un escalofrío, pues resulta asombrosamente 

premonitoria de toda la historia que hemos contado sobre este padre, su hijo y el hechizo

 que compartían. 



jueves, 13 de noviembre de 2014

El Páramo




Aquí estoy sentado en mitad de un páramo calcinado, suelo tapizado de cenizas y huesos. En mitad de ninguna parte, ahí, es donde se halla la puerta a la Transmutación.
Anoche en su sueño Delia estuvo aquí, hablando con el encapuchado. Le dijo que había llegado la hora de quedar en paz para dar el paso hacia el cambio, que dicha paz era necesaria para resolver ese movimiento limpiamente.
Pero, ¿cual era ese cambio? ¿La sanación o la muerte? “Todo es lo mismo”, fue su respuesta. Pero, ¿necesariamente es una cosa o la otra? ¿No es posible el milagro, saltar a un universo paralelo donde la vida sigue por otro camino?. “Tanto la sanación como la muerte, son saltos a universos paralelos. La vida siempre sigue, nunca se agota.”
Así que parece que ya hemos llegado al punto sin retorno, ahí donde es necesario tener templanza y acudir sosegadamente, en paz. Ahí es donde el encapuchado quería insistir, en poner “las cosas en orden”, en dejar de luchar, dejar de estar en tensión, desprenderse del orgullo y alcanzar la aceptación. Eso es lo que dijo.
El orgullo. Caprichoso defecto este que me corona. Un montón de generaciones de hombres que han querido, a base de orgullo, sobreponerse a las injusticias que en algún momento de su vida han sufrido. Orgullo que ha terminado por cristalizar en mi devenir.
Y si en algún sitio he sufrido personalmente las injusticias y eso me ha hecho tirar de orgullo para sobreponerme, ese sitio ha sido mi cuerpo, físico y emocional.
Mi historia es una historia de sacar pecho ante los ataques de la “ciencia” médica a mi cuerpo. Y la historia de mi familia cercana y sus avatares de salud, que es historia emocional para mi, ha contribuido enormemente en posicionarme en contra, en estar a la defensiva, en cuestionar todo lo que la medicina puede proponerme.
Mi hermano mayor es paralítico cerebral a causa de una mala asistencia por un ineficiente médico de pueblo durante un parto casero.
Mi hermana pequeña murió a los tres días de nacer. Los médicos no pudieron o no supieron qué hacer para resolver una insuficiencia cardiaca.
Mi hermano pequeño fue condenado a vivir 15 años de su vida enjaulado en un corsé ortopédico para “corregir” una escoliosis que jamás volvió hacia atrás, pero que, a cambio, afectó a su personalidad enormemente.
A mis doce años un cirujano traumatólogo convenció a mis padres de que el podría “corregir” mis pies planos mediante una “sencilla” intervención. Para convencerlos no dudo en enseñarle un catálogo de fotos de pies deformados argumentando de que asi es como evolucionarían mis pies si no me intervenían. Mucho tiempo después me enteré que esa colección de fotos eran exclusivamente de personas operadas con esos métodos y las deformidades sus resultados.
La operación, por supuesto, fracasó y aun así tuvo agallas el tipejo de volverlos a convencer para una segunda intervención que igualmente falló y casi me deja cojo.
Ese fue el primer momento en que tuve que sacar pecho, con solo doce años de edad, y dar un manotazo en la mesa y decir que no. Decir que no a mis sumisos padres y que no a ese loco matasanos.
A partir de ese momento mi relación con la medicina alopática fue muy cautelosa, procurando no acercarme a ella si no era estrictamente necesario e intentando cuestionar las propuestas que me hicieran en caso de enfermedad caso de intuir algún despropósito.
Hace nueve años me operaron de un tumor insospechado junto a mi columna vertebral, no supieron que era un tumor hasta un mes después de la operación. Inmediatamente quisieron darme radioterapia y les cuestioné con la misma rapidez ¿Radioterapia justo al lado de la medula espinal? Eso no tiene que ser nada bueno. Removí Roma con Santiago y finalmente pude acceder a hacerme un tratamiento de radioterapia especial, con protones, en un centro de Suiza. Era un tratamiento acorde a lo delicado de la situación, aun así, con todo el cuidado, algo de radiación iba a absorber mi medula, pero en teoría eso era un riesgo asumible. Mi orgullo me salvó por esta vez.
Y ahora tengo que admitir que en este año que llevo de trabajo con mi proceso de salud, con este cáncer de amígdala que me acompaña, ha habido mucho de orgullo, de enfrentamiento, no contra la enfermedad, sino de nuevo contra el sistema sanitario y los errores médicos o los fallos en sus protocolos de actuación.
Durante tres meses largos fueron incapaces de diagnosticarme. Cuando me operaron, aun sin un diagnostico cierto, ya la cosa era medianamente grave y urgente por lo que aplicaron un protocolo de “vaciamiento” radical, me extirparon algunas partes de mi cuello que aún estando sanas las quitaron “por si acaso” mientras que se olvidaron de quitarme algunas que si estaban afectadas. Pero claro esos errorcillos se justifican porque después te pasan por la achicharradora de radioterapia y un par de cócteles químicos y ya está, con eso pasamos el “mocho” y lo dejamos todo bien limpito, como los chorros del oro.
Pero el caso es que yo no era candidato a pasar por los rayos porque ya estaba irradiado hacia nueve años y mi medula espinal había recibido mas radiación de la cuenta por lo que, si era sometido a un “barrido” como el que querían hacerme “a lo loco” lo mas probable era que me hubiera dejado secuelas muy graves a nivel medular. Una leucemia o una tetraplejia, por ejemplo. No era candidato a su protocolo y tenian esa información, pero la omitieron.
Había llegado el momento de poner en practica todo lo que había estado aprendiendo sobre el nuevo paradigma de la salud durante estos años. Había llegado la hora de poner a trabajar las enseñanzas de “La enfermedad como Camino”, “La Medicina del Alma” o el paradigma de Hamer visto a través de la Bioneuroemoción.
“La Enfermedad...” fué el libro que me abrió la mente acerca de como la salud es un reflejo directo de nuestra integridad y de cómo si esta resulta afectada por nuestras actitudes y/o creencias el resultado es un padecimiento físico. La enfermedad es el camino de retorno a la Unidad.
“La Medicina del Alma” abundó en este paradigma mostrándome como los síntomas del cuerpo han sido moldeados por acontecimientos “Semilla”, pequeños traumas emocionales que han sido absorbidos en edades muy tempranas y que intentan reiteradamente salir de nuestro subconsciente dando forma finalmente a esos síntomas.
La visión de la Bioneuroemocion me abrió el panorama para entender que en lo que concernía con enfermedades complejas o crónicas, como en el caso del cáncer, podrían participar de los síntomas varias causas anidadas en el subsconciente, emocionales, credenciales o transgeneracionales y que interactuaban entre si, habiendo conflictos generadores, detonantes, recidivantes, etc. Uno de esos conflictos que solian empeorar ese panorama eran el conflicto de diagnostico, ante un diagnostico fatalista, y el conflicto por miedo a la enfermedad y/o sus secuelas.
He trabajado sobre todos los fenómenos emocionales que estuvieron implicados en la aparición de este proceso. He trabajado desde el mismo principio con todos los sucesos que sacudieron mi vida durante los dos años previos a la aparición de los síntomas, he observado y tomado conciencia sobre aquellas herencias transgeneracionales, tomadas prestadas de padres y abuelos, que estaban influyendo mi actitud, he filtrado, depurado, destilado... He tomado distancia y he perdonado y pedido perdón, también me he perdonado a mi mismo.
Pero tengo que reconocer que he sido incapaz de resolver el miedo a la enfermedad y sus secuelas, o al menos siento que no lo he superado del todo.
Criado con un hermano invalido de por vida y habiendo tenido que asistir a la decadencia lenta y penosa de un padre afectado desde joven por la enfermedad de Parkinson, tengo que reconocer que me resisto ferozmente a la convertirme en un ser dependiente, que me da pánico, que preferiría la muerte antes que tener que depender de nadie para desenvolverme en lo mas básico de mi existir. Y tengo que reconocer que esa resistencia es la fuerza que latía detrás de mi orgullo ante los médicos. Ese alimento fue lo que me permitió dar el puñetazo en la mesa con doce años y todo el coraje subsiguiente.
Pero siempre he sabido durante este ultimo año que si no soltaba esa resistencia no podría culminar este proceso de la manera que buscaba. Y lo he intentado, que conste.
Así me he debatido, entre seguir mi camino alternativo y el que los médicos me proponían. A cada paso que intentaba dar en lo alternativo seguía un empujón en el otro sentido. A cada intento de independizarme de los criterios médicos, me llegaba una mala noticia. Primero, una recidiva, después una imposibilidad de actuar con medios quirúrgicos para paliarla, mas tarde una “casi” obligación a seguir los criterios “oficiales” de tratamientos agresivos convencionales. En la contra y a cada momento, capeando el temporal, una alternativa de repente surgía de la nada y se abría en forma de idea o acción: una determinada dieta, un determinado uso de ciertas plantas o acciones terapéuticas, una etapa de aislamiento y meditación... Un tira y afloja entre dos opciones que nunca han terminado de decantarse porque en mi cuerpo no había una evolución clara. O puede que en mi cuerpo no se diese esa evolución porque no terminaba de decantarme por una opción. Y vuelta la burra, orgullosa ella, al trigo.
Al final estoy en un callejón sin salida. Desde que volvi de mi retiro en el plazo de unas pocas semanas mi cuerpo si ha reaccionado, comenzando a procurarme severas molestias. La recidiva o este proceso que la acompaña me tiene tan deteriorado que me veo forzado a bajar los brazos. Me encantaría ser un “valiente” que toma una decisión en un sentido y no se descabalga de su convicción, pase lo que pase, venga como venga. Pero no he tenido valor para hacerlo por mi mismo, siempre he intentado escudar en algún factor externo esta decisión. Mi factor escudo hasta ahora era la imposibilidad de radiarme debido a esos limites que mi medula había sobrepasado.
Pero aun así, empujado por el deterioro que he sufrido en el ultimo mes, he prestado oídos a los médicos que me han prometido estudiar mi caso para hacer todo lo posible para modular esa radiación y no afectarme. Palabrita del niño Jesús, casi que me han dicho.
Y lo he hecho porque finalmente he entendido que, en mi caso, todas las cosas que se han hecho mal han conducido a que la tumoración esté completamente descontrolada y ya no hay nada que yo pueda hacer en el plano de la conciencia para mejorarlo.
Según el modelo de Hamer este tipo de tumores son de crecimiento acelerado cuando entran en su fase resolutiva. Si lo atajas por medios quirúrgicos o radioquimicos de una manera incompleta la reacción del tumor es seguir creciendo, pero ya “a sus anchas”. Por lo tanto una vez que pasé por el quirófano y el protocolo no se cumplió escrupulosamente se dejo la puerta abierta a la posterior invasión.
Solo queda espacio para que esa posibilidad de tratamiento lo ataje o para que suceda el milagro de la remisión espontánea porque la Vida asi lo decida. Cosa que sucede mas a menudo de lo que parece aunque los médicos no lo cuentan en sus noticiarios.
Si tuviera fuerzas apostaría por el milagro, pero necesitaría aislarme completamente del sistema para que el miedo no me deje desviarme, lo cual, en mis condiciones actuales ya no lo veo posible.
Ya no está en mi mano.
Tengo que soltar el orgullo y la resistencia.
Tengo que perdonar todos esos despropósitos médicos que jalonan mi vida. No sé para qué, pero seguro que tienen un sentido. Y si ese sentido no está para mi, estará para mi familia, mis amigos, quien quiera aprender algo de esto.
Y, finalmente, tengo que llegar a la aceptación.
A la paz.
Que la vida decida cual es el camino.
Si el camino está de la mano de los médicos, en breve me contarán de que habrá una posibilidad clara con ese tratamiento, que ahora están estudiando.
Y si no la hay pues me quedaré a la deriva de la Vida, confiando que me traiga la sanación que quiera traerme. Ya sea en esta vida o en otra, en este Universo o en otro paralelo.
De cualquier manera ya se que el que resulte de cualquiera de esos caminos no será el mismo Antuan, el de la tez oculta se lo dijo a Delia también.
Por eso estoy aquí sentado, en este páramo de suelo calcinado, esperando al encapuchado para que me guíe y me lleve en el sentido de la Transmutación.
En este Universo o en otro, os debo un gran abrazo por escucharme y ayudarme a ponerme en orden y en paz.